martes, 31 de mayo de 2011

Enredada en tus Palabras (Poema dedicado a Octavio Fernández Zotes)


He bebido tu poema,
anónimo viajero,
descubriendo
-entre el sentir-
el reloj de tu regalo.

Como siempre, te diría,
reina el tiempo
-ese aquilón
que nos espera-

“Como siempre”, amigo mío....

Acompaño tu lamento
entre las flores,
y aún mejor tu calendario
entre las hojas
- tus desvelos-
 
Esperas las nieves rojo,
apenas les echas cuentas,
casi ni te rozan, pero tú,
tú sigues.
Y les cantas la palabra:
Plena.

Tienes más lirios que nieves,
vives más vida que inercia.
Puedes tú, joven promesa,
buscar las rendijas todas.

Que por ellas pasan siempre
colores, música y primaveras:

Ese niño,
el que está vivo
en el tacto sedoso
de unos dedos,
sintiéndolos en surco
por su nuca.

El que crece
abandonado,
acunando en desconfianza
la certeza de un Enero
sin remedio.

Ese niño que me ofrece
sal y pan,
regalando, así , su miedo.

Ese niño que no pide demasiado,
salvo el tiempo
del rubor
de los mañanas.

¿Por qué le agobian las tardes de estío
si teme los suburbios recónditos del frío,
de la nada?

Siempre mira ese tranvía.
Siempre ama la última esperanza...

Me dirías:
“Entre el goce consciente de la muerte
y el miedo ineludible de la vida”

Te daría:
Hebillas
que se escapan
más allá de las medidas.


Poema dedicado a Octavio y a su hermoso libro, "Anónimo Viajero", enredándome en sus versos y en sus palabras.


   (Dibujos originales para este poema y para los de Octavio: Camelia Davidescu)





                                                        

domingo, 15 de mayo de 2011

Rincón Oscuro


Duele.

Duelen.

-Me duelo-

Ese peso
de mí misma
que parece ser
la circunstancia.

-Yo soy mi circunstancia-

No alcanzo a moverme.
Demasiado oscuro...

Siento mis manos.
Estoy viva.

Es
im
po
si
ble
cam
biar
lo.

No los muevo,
no se mueven...

-No me muevo-

Me duelo y
me ajeno.

Me enturbio.

Me olvido.

Me duelen tanto
que les odio.

-Me duelo
y me odio-

Los mato.
¿Me matan?
Me mato.

-Quiero irme-

Al menos “me” 
es hacer algo
para no sentirme.

Para no sentirlos.

Dejádme en paz.
Ma
ña
na
que
rré
seguir
viviendo.

-Ahora mismo
ya lo quiero-

Y duele.

Dibujo original para este poema: Camelia Davidescu

domingo, 1 de mayo de 2011

El Sino de Don Castro, o la Encrucijada del Ser (Retazo de Tragicomedia)

(Dibujo original para este texto: Camelia Davidescu)


RESEÑA DE LO ACONTECIDO EN ESCENAS ANTERIORES:

Don Castro de Postín, proveedor oficial del Conde de Albarracín, es un comerciante de cerámicas turolenses que ha logrado hacer cierta fortuna, y que desea formar familia. Hombre tímido, culto y sensible, es dado también a las lecturas de filosofía y humanidades. Don Castro y su criado, Pisto, se dirigen a través de Los Monegros desde Castellote hasta Tarazona, localidad en la que reside Doña Rosalía y su madre viuda, Doña Rosa, como encuentro personal y festivo previo a sus esponsales, apadrinados por el Conde de Albarracín, primo lejano de Doña Rosa.
Aunque todavía no se conocen, Don Castro, además de ser un romántico empedernido, se encuentra absolutamente prendado del retrato de Doña Rosalía.
Don Astolfo, el villano hermano gemelo de Don Castro, habiendo conocido la situación y creyendo que Doña Rosalía recibirá una importante dote y herencia, pretende suplantar la identidad de su hermano en casa de Doña Rosalía, con el fin de conquistarla de forma flagrante y adelantar los esponsales antes de que se deshaga el entuerto.
Planeado por Don Astolfo, nuestros antihéroes sufren durante el camino un atraco a golpe de mosquete por parte de un extraño sujeto que se hace pasar por peregrino, y que les deja sin nada: caballo, mula, ropas, documentos, dinero.
Solos y sin aval de ningún tipo, salvo un botijo de agua, prosiguen el camino andando y con lo puesto, con la esperanza de llegar a Tarazona lo antes posible y presentarse en casa de su prometida, donde pretenden aclarar su situación e identidad de inmediato.


UBICACIÓN DE LA ESCENA ACTUAL:

Por fin, llegados a Tarazona, Don Castro ha ido a presentarse a casa de Doña Rosalía y su madre lleno de ilusión. Mientras tanto, Pisto le espera en un campamento, a las puertas de la Villa.
Don Castro llega de su misión con novedades inesperadas. Y es que, aparte de constiparse bajo la intemperie, colgado de un ventanal, ha descubierto con estupor que su hermano, Don Astolfo, ha suplantado su identidad en casa de Doña Rosalía.








ESCENA DEL DESCUBRIMIENTO
 
(Llueve a cántaros. Pisto espera bajo una manta y cuatro palos en un campamento a las puertas de la ciudad la llegada de Don Castro.
Don Castro llega de su misión como estaba, sucio y con los pies hechos trizas, además de estornudando, y con una mezcla de iracundia, incredulidad y vahído en su rostro)


 
PISTO
(Asustado por el aspecto de Don Castro)

¡Válgame Dios! ¿Aquí estáis?
¡Pues mal alivio me dáis!
¿Cómo tan presto vinísteis?
¿Acaso allí os aburrísteis?
¿Algún problema tuvísteis?
¿Alguna bulla, quizás??

DON CASTRO
(Se sienta en el suelo junto a Pisto)

¡Ay, mi Pisto! ¡Qué suplicio!!
¡Mi sangre bulle de rabia!
¡Un ser horrible, aberrante!
¡Un bicho ruin, un tunante!
¡Un ser salido de quicio!
¡Un mono soso y sin labia!
¡Un ser más feo que Picio!

PISTO
(Le coge los pies y comienza a vendárselos)

¿Tan horrible es la doncella?
¿Gorda, fofa, con papada?
¿Acaso da pena vélla?
¿Acaso es bizca? ¿Chapada??

DON CASTRO
(Un "Aaayyy" de dolor)

Ahora os cuento sin tardanza,
sin cachondeo y sin chanza,
la más grande felonía
que acarreará mi venganza
y exaltará mi porfía...

¡Ni vélla pude! ¡Ni vélla!
Y a mí, que soy tan sensible,
tan tierno, tan comestible,
abandonóme mi estrella.

PISTO
¡Maldito desodorante!

DON CASTRO
¿Pero que decís, diantre?
¡Hablo de un vil sustituto
que, sin ganas y sin arte,
lanzóme, zafio, su esputo...!
¡A mí, y no en otra parte!!

PISTO
¿Un esputo a vos lanzó?

DON CASTRO
Sí, por cierto.

PISTO
¿A vos??

DON CASTRO
¡A mí!!
Y tan aturdido fui
que al principio me lió,
pero luego - ¡¡Ja!! - entendí.

Ya os advierto de antemano
para evitar un desmayo,
que el suplente chabacano,
vulgar y antediluviano
(no me atrevo ni a contállo..)
no era otro ¡¡Que mi hermano!!

PISTO
(Sorpresa absoluta)

¡¡En sulfurias mil estallo!!

DON CASTRO
(Da un trago al botijo, dispuesto a hablar)

Empezó con la portera.
Vive Dios que jamás ví
una bruja tan hortera,
tan falaz, tan pordiosera...
¡No dejarme entrar a mí!

Eso, que nada más vélla
unas monedas le dí.
Contestóme: "Bagatela".
"Insidiosa", respondí.

A reducílla obligóme
de tal suerte que me dije:
"¡Hay que ver cómo se pone!
¡Aquesta loca no rige!"

"¡Soy Don Castro!", repetía.
"¡No sóis vos!", me replicaba.
En verdad que no entendía
la razón de su manía
que, en frenesí, me atacaba.

Así pues, hastiado del choteo,
al borde - al punto, digo- de un infarto
decidíme a penetrar dando un rodeo
y, Señor... ¡Qué infundio! ¡Qué meneo!
¡Qué diré que yo sentí! ¡¡Algo muy feo!!

Sobre un vado, un velado ventanal.
Tras el portillo, yo, discreto
¡Y allí estaba el pérfido animal
perseguido por malo y por decreto!
¡Mi gemelo, el que estafó - ya no es secreto-
en Zaragoza a todo el personal,
con un certificado notarial
que, en vez de un expediente, era un soneto!

Obligóme mi honor a colgarme del alar
e ansí, su incierto abejorreo escuchar pude
y ¡Cielos! Vive Dios que apenas me contuve
cuando ¡¡Por Don Castro de Postín se hizo pasar!!

Incansable, a Doña Rosa hacía la pelota
y como tal señora, aunque cómica, es tan dulce,
hasta ofrecióle en hospitalidad pernocta
que el vil - ¡Cómo es posible!- le aceptó.

PISTO
Menudo idiota...

DON CASTRO
¡Y con tan gran satisfacción, que casi se descubre!

Henchido de placer, en medio del cotarro,
bajo mi nombre y mi blasón se presentaba
mientras que yo, viendo el festín, casi lloraba
de rabia, de dolor, y del catarro
que la intemperie temporal me atemperaba.

Doña Rosa, por un lado;
por el otro, el impostor
alabando con fervor
el rosetón biselado
que, con mi menda colgado
adornaba el comedor.

(Imitando la voz de Don Astolfo)
"¡Qué bello salón, qué hermoso decorado!
¡Mi espíritu levanta e ilumina!
¡Qué luz de sol, qué orquesta tan divina,
qué suelo esplendoroso y nacarado!"

(Imitando la voz de Doña Rosa)
"¡Venid, bailad, disfrutad,
y frutas frescas probad!".

(Imitando la voz de Don Astolfo)
"Frutas frescas probaré
y, fresco, disfrutaré
del fruto que con bondad
vos me ofrecéis de verdad.
Mil gracias.

(Imitando la voz de Doña Rosa)
"¡Hala, probad!!

PISTO
(Se pone en pie con resolución)

¡¡Este atufo clama urgencia..!!
¡Más que insolencia, es frescura!!
Os recomiendo, en conciencia,
husmear la residencia
como muestra de mesura.

DON CASTRO
Me alegra, me subyuga, amigo Pisto
que, aunque plebeyo, seáis así de listo.
¡Pensar que hasta me hicísteis de modisto!
 
PISTO
Gracias, señor. Sabéis el desparpajo
que da fuerza y vigor a mi trabajo.
Serviros no me importa ni un carajo.

DON CASTRO
(Por lo bajo)

(No comprendo que tan buenos sentimientos
tengan nombre de tomates con pimientos)

(Se pone también en pie, mucho más animado) 
¡Ea! Busquemos presto, pues, una farmacia
que de tanto caminar se me ha hecho un tajo
y, la verdad, no me hacen mucha gracia
ni la pinta, ni el dolor, ni el estropajo
que de venda me habéis puesto. ¡¡Venga, majo!!




ESCENA DE TIRAR DE LA MANTA

  (Don Castro y Pisto, llegados a su destino, subidos a una cornisa, en precaria situación de equilibrio, espiando por la ventana de la casa de Doña Rosa y Doña Rosalía. Continúa una lluvia tenaz e incansable, de la que hace la puñeta)

 
DON CASTRO
¡Héte aquí, reunión de amigos!
Pijería, según veo.
Acá está Don Pero Iñigo,
allá, Don Juan de Postigo,
primo de un banquero hebreo.

Doña Elvira de Moncayo,
la condesa de Alcañiz,
e su hija, que es un callo
tremebundo, e para Mayo
dará a luz por un desliz.
 
E Don Vito de Saboya,
e su amante, meretriz
de un comerciante de Troya,
e su hermana, la pimpolla
que, para colmo, es actriz.

PISTO
Allá los duques de Arosa,
y el docto maestro Alí,
escritor en verso y prosa
y, si tercia, en cualquier cosa...
¡Mirad, mi señor, allí!

DON CASTRO
(Taciturno)

Ya miro, ya, la quincalla
que, envilecida y cotilla,
en lujuria vil estalla,
y, abejarruca, no calla
bebiendo zarzaparrilla.

PISTO
(Con ademán de sorpresa, mirando con más ahínco)

¿Pues no es aquél lisonjero
del ademán pordiosero
el villano Don Astolfo??
¡Por Satanás! ¡Sí que es golfo!!
¡Jamás ví tan gran rastrero!

DON CASTRO
(Dulcificando su tono)

¿Qué me advierte mi sentido??
¿Es Rosalía la dama?
¡Si, lo es!!! Este Cupido
esperado y consabido
enciende en mi amor su flama

(Endurece de nuevo el tono) 
Pues siendo dama de juicio
honestidad e linaje,
e por mi honor, sin un vicio
no dará ni don ni sitio
a ese auténtico malaje.

En un rincón de la sala interior, Don Astolfo y Doña Rosalía. Ella mirando por la ventana que hay a la izquierda, lateral en escena a la que da semi-cobijo a Don Castro y Pisto.

DOÑA ROSALIA
(Con gesto distraído)

Llueve por aquestos lares
en tormenta repentina.
¿Digo llueve? Por millares
caen las gotas. Centenares
de centellas matutinas.

DON ASTOLFO
(Haciendo caso omiso del parte meteorológico, coge la mano de Doña Rosalía)

¿Cuál es la mayor estrella
que mi mirar ilumina?
¡Vos, sóis vos!! Pues vos sóis ella...
Vuestra mirada destella
destellos en mi retina.

Vos, señora, sóis el alfa
y el latir de mi universo.
Sóis entre cardos la alfalfa,
el calor que el huevo escalfa
en la lumbre de mi verso.

DOÑA ROSALIA
(Retirando su mano)

Vuestra naturalidad
en alabar, me sonroja.
Solivianta mi amistad
y ese sentir me acongoja
por su gran... plasticidad.

Esa impetuosidad,
ese arrebato que enoja
mi buen sentido, en verdad,
lo coja como lo coja,
muda mi serenidad.

(Con gesto coqueto) 
Os ruego en urbanidad
que vuestra fogosidad encoja.

PISTO
...Ya era poca tempestad....

DON CASTRO
Más vale que el vil escoja...

PISTO
No, si cuando llueve, moja....

DON CASTRO
¡Dejad en paz la humedad!!

DON ASTOLFO
(Asiendo a Doña Rosalía por la cintura, elevando el tono)

¡¡El primor que no me priva
del proemio primoroso
donde mi sentido estriba!!

DOÑA ROSALIA
¡¡Vuestro arrechucho me tiba!!
(Por lo bajo)
(¡Qué volcán, que vigoroso!)

DON ASTOLFO
(Bajando la cabeza a modo de respeto)

Disculpadme, dama mía
el ímpetu de mi ardor.
Es que tengo la manía
de, sin perder cortesía
darle coba y pleitesía
al objeto de mi amor.

Perdonad mi grosería
os suplico con fervor.

DOÑA ROSALIA
Ha sido una altanería.
Disculpo vuestra osadía.

DON ASTOLFO
Me avergüenzo con rubor.

DOÑA ROSALÍA
¿No me tomaréis el pelo
aprovechando el dolor
que me produce con celo
la lucha por mi pudor?

PISTO
Le está largando el anzuelo...

DON CASTRO
Me está entrando un escozor....

DON ASTOLFO
¡Si supiérais el anhelo
de adoraros con fervor!!

PISTO
¡Vaya montón de camelo!
 
DON CASTRO
¡Callad, Pisto, por favor!

DON ASTOLFO
Que os profeso gran afeto
mil veces os repetí.
Vuestro miedo no es correto
ni perfeto, es un efeto
de mi impropio frenesí.

DOÑA ROSALIA
Pues si afeto profesáis
e mil promesas me dáis,
aminorad el sobeo,
e ansí, plácido, esperáis
a que llegue el himeneo.

DON CASTRO
(Empieza a toser con energía)

¡No puedo más! Me atraganto
e me duele la garganta.

PISTO
Ya imaginábais....

DON CASTRO
¡No tanto!

PISTO
¿Tánto no??

DON CASTRO
¡¡¡Tanto me espanta!!!!
Va mi hermano y me suplanta...
¿Quién en su juicio lo aguanta??
Pues aunque aguantar, aguanto
e la calma no quebranto,
mi aguante... no tiene tanta.

PISTO
¡Vámonos pues...!
(Por lo bajo)
(Entretanto
apuntaremos un tanto
al estirar de la manta).

El Gontable, el Jastío y la Galor (O los acostumbrados efectos del alcohol)


(Dibujo original para este texto: Camelia Davidescu)

 
 
 
(YA EN EL SEGUNDO PLATO)
 
 
  Don Pero del Piñón
(Con un buen muslo de capón en la mano)

Estimado buen amigo
pasadme, presto, el porrón,
pues de yantar me fatigo
e me siento como un higo
en digeriendo el capón.

Don Juan de Calatrava
Faltaría más, Don Pero.
A vuestra disposición...


(UNA HORA MÁS TARDE) 
 

  Don Juan de Calatrava
(Copa en mano)

Aporvechando el momento
de los prostes y el licor
a vos, purdente, os comento
que también ando sediento,
y apiértame la calor...

Don Pero del Piñón
¡Catad abrisa el Oporto
si la calor os abrieta !
Que el tiempo de asueto es corto,
y de aburrido me eshorto
a catar la servilleta...

Don Juan de Calatrava
Si el jastío me consume
y la galor antormenta,
bibe Dios que no persume
(y esto mi lema rresume)
el que imbecable persenta

ante el pórjimo el asbecto
de la suma prefección,
pues se tiene de prefecto
lo que le flata al afecto
de creteza y emoción...


(OTRA HORA MÁS "TRADE")

   
Don Juan de Calatrava
(Sigue con la copa en mano)

Yo me pergunto, ingansable
si será estréss o galor,
pues ya restulta imbensable
que hasta mi porpio contable
me porduzca tal picor...

En rensumiendo, decido
y a bos prongo por testigo,
e desculpad si riencido,
que más trade me suicido
sin bacilarr. Eso digo.

Don Pero del Piñón
(Se limpia las barbas con la servilleta)

¡¡ Sperad que me acomode
y alclanzadme el etanol !!

Don Juan de Calatrava
(Haciendo caso omiso)
Dejad que al ansunto apode,
sin que a bos os incomode,
"Opreración Girasol".

Don Pero del Piñón
¿No perferís Margrarita,
Rosa, Gradenia, Glavel?

Don Juan de Calatrava
No suena cosmopolita,
e menda es un siparita...
¿Catamos un moshclatel?


("MEIDIA" HORA MÁS "TRADE") 

  
Don Juan de Calatrava
(Se lleva la mano al pecho)

Mirad, me piernan las tiemblas
sanbiendo lo que he de hacerr...
¿Bor qué un día el sol gontemblas,
e más trade las tinieblas
imbiden tu amanecerrr ??

Don Pero del Piñón
(Ya lleva el gorro torcido)

¡ Desgratad tamaña idea !
Dejad la anguistia basar...
Tenéis una diarrea
de la mente, que marea,
y no lorgo artigular.

Don Juan de Calatrava
¡¡Que se me luenga la traba!!
Y aún ansí, debo decir
que menda es de Clalatrava
y eso, golega, me agrava
la obligación de bibir...

Don Pero del Piñón
(Por lo bajo)

(Aungue es beor el castigo
de aguesta disertación,
no me enceuntro ni el ombligo
y la berdad, ya no ligo
el mal con la debresión...)

Don Juan de Calatrava
(Levanta el dedo con resolución)

¡¡Por un gontable baboso
voy, y gasi me suicidio!!
Hay gue ser más ogrulloso,
más audaz e más airoso.
Oberación neuva: ¡"Lirio"!

Don Pero del Piñón
(Levantando su copa)

¡Más vale nunca que trade!
Y a uno de Clalatraba
gue no le llamen crobarde,
Pues aunque la galor ardre
no por eso se matraba.

Don Juan de Calatrava
Porr lo que al fin descrimino
(disclubad lo pegajoso
de un merditar esponjoso)
gue no me imbrota un comino
ni el gontable sebilino
ni una galor tan penoso...

(Se llena de nuevo la copa) 

Que en gatando aqueste Oporto,
e no seindo yo goloso,
mis prarlamentos soborto,
e aunque me berciba apsorto,
me siento más animoso.


(ARGO MÁS TRADE) 

   
Don Pero del Piñón
Istrimado buen amigo
prasadme, persto, el gorrón,
pes de yantar me faltigo
e me sento com`un higo
en digueriendo el cabón.

Don Juan de Calatrava
Flataría más, Don Bero.
A veustra drispocisión.

Los Bemoles del César

SITUACIÓN: Esto va de cuando Cayo Julio César todavía no era César, sino miembro de un triunvirato. Evidentemente, todo rigor histórico que pudiese aparecer en esta escena es pura casualidad. En el Palacio de Cleopatra es inminente la llegada de Julio desde Roma. Al parecer, se espera una embajada de bretones para negociar alguna "Pax Romana" en tierras "neutrales" egipcias, bajo el auspicio de un mediador babilonio un tanto... particular.


ESCENA PRIMERA Y ÚNICA


(Palacio de Cleopatra. Cleopatra sentada bien tiesa en su trono real, sujetando sus bastones de Faraón. Sonido de trompetas romanas. Se oye un traspiés tras la puerta. Se abre la puerta, entra Julio César)




 
 
CLEOPATRA
(Sin mover un ápice su postura)

¡Ave a ti, César Augusto!
Bienvenido a mi palacio.

JULIO CÉSAR
(Por lo bajo)

(Pensaba meterle un susto
y regalarle un disgusto
entrando así, tan despacio...)

(A Cleopatra, brazo en alto)
¡Te saludo, Cleopatra,
recién aclamado en Roma!
Y aunque el pueblo me idolatra,
y su admiración no es broma,
casi me abruma su aroma...
¡¡Y me siento tan Sinatra!!

CLEOPATRA
(A César, extiende su mano)

Mi más ilustre romano,
apea ante mí tu brazo...
No voy a darte un codazo,
tan sólo tiendo mi mano
en un saludo africano
que abraza más que mi abrazo.

JULIO CÉSAR
(Por lo bajo)

(Hay que ver qué adiestramiento,
qué glamour, qué contoneo...)

(A Cleopatra)
Con permiso, tomo asiento,
que ya con tanto meneo,
tantas olas, tanto viento,
no me vence el desaliento,
pero me puede... el mareo.
(Toma asiento junto a Cleopatra)

CLEOPATRA
(Mimosa, baja los bastones)

Nos ha puesto al día Octavio
del devenir de tu viaje...
Sufriste un cruel abordaje,
mas, con táctica de sabio,
apañaste el desagravio
con valentía y coraje.

JULIO CÉSAR
(Exaltado, levanta su espada)

¡¡Entre mil adversidades
he salvado mi navío!!
No caben frivolidades...
O te proteges, o invades.
¡¡Y me da un escalofrío!!

CLEOPATRA
(Deja definitivamente los bastones a un lado)

¡Concluye preocupaciones,
mi futuro emperador!!
Deja las expediciones,
olvida las expansiones,
y disfruta... con vigor.

JULIO CÉSAR
(Todavía mosqueado, baja la espada)

Es que hay que tener "bemoles"
para atacar mis bastiones
sin motivo y sin honor....
Y eso que tengo legiones,
fama, y hasta sucesor.

(Por lo bajo, refiriéndose a Bruto)
(Que aunque en principio me adore
tiene pinta de traidor...)

CLEOPATRA
(Subiendo el tono)

¡Desiste de tus temores!
Mañana mi embajador
mediará con los bretones
y saldrá de mil amores...
¡¡Es un gran moderador!!

JULIO CÉSAR
(Coge la mano de Cleopatra)

Mi estimadísima Cleo,
ante ti, me quedo atónito.
Y a pesar de mi mareo
quiero pensar, porque creo,
en un pacto... parabólico.

(Dudando...)

Y aunque no menos verídico,
sí resulta paradójico,
que en un lío tan jurídico
intervenga un babilónico
más sarasa, que analítico.

CLEOPATRA
(Retirando su mano)

¡En un momento tan crítico
que no te cieguen los tópicos!
Últimamente es muy típico
que te pongas melancólico,
y no es propio de un político...
No es un mariposo cómico.
¡Es un babilonio empírico!

JULIO CÉSAR
(Ahora mimoso él)

Aunque me agobie lo ambiguo
acepto su mediación...
Y empezando la misión,
vamos al cuarto contiguo,
a ver si en él averiguo
por qué medio mundo antiguo
clama que eres un bombón.

CLEOPATRA
(Se levanta del trono)

Hala, pues, no te demores
y cambiemos de salón.
Catarás mis camarones....

(Por lo bajo)
(Que lo lleva de colores
si se espera un revolcón)

JULIO CÉSAR
(Muy animado)

¡Pues para igualar tus dones
probarás... mi boquerón!!

(Mutis por el foro ambos, sube la música)

 (Dibujo ORIGINAL para este texto: Camelia Davidescu)

Los Bups no llevan Zapatos (VI)


Ayer soñé con un Bup.

Yo iba hacia la escuela, y me pesaba la cartera. Entonces vi una flor bonita en el jardín donde viene el autocar, y fui a verla, y cuando la toqué salió un Bup muyyy pequeñito, pero me miró y se fue brincando. Y no hizo “croac”, ni nada.

Entonces vino mi mamá y me despertó, y me dijo que era Sábado y que íbamos a casa de la abuela, y que yo me quedaba a dormir, pero mi hermano no, porque le había invitado el vecino.

Una vez fui a dormir a casa de mi prima, pero ya va a sexto y no le interesan los Bups, sólo los chicos de octavo, y es un poco tonta. Todo el rato se miraba en el espejo, y yo me aburría y observaba mis zapatos, y pensé que rosas serían más bonitos. Y me acordé de que los Bups no llevan zapatos.

Me da miedo ir a sexto. Hay que aprender cosas muy difíciles, porque vi la pizarra una vez y había muchos números, pero yo no entendía nada. A mí me gustan los conjuntos, y pintar elementos de colores cuadrados y redondos, y hacer subconjuntos, y eso….

Es divertido ir descalza por casa, pero mi mamá me riñe porque dice que me voy a resfriar, y que me tengo que poner las zapatillas. En la torre de Alarcón, hay que dejar un zapato para inscribirse. No sé si valdrán las zapatillas. Las mías son azules.

A lo mejor los Bups sí tienen zapatillas para no resfriarse. No sé si se resfrían allá arriba, en la ventana, cuando llueve y miran.

Cuando me resfrío toso y tengo mocos, y a veces no tengo que ir a clase, y me puedo quedar en casa dibujando cosas, y dibujo Bups, y hormigas...

Cuando me toque ir a sexto, le diré a la señorita que no puedo porque me duele mucho la garganta, y ya está. Así no tendré que copiarlo todo en el recreo.

Pero entonces me tendré que quitar las zapatillas sin que mi mamá me vea.

Y los zapatos.

Los Bups tampoco llevan zapatos.

Aunque a mí me gustaría tener unos rosas.

 (Dibujo para este texto: Camelia Davidescu)

Los Bups pueden Volar (V)

A veces estoy triste.

Siempre que estoy triste por la tarde, salgo a la ventana y miro, porque donde vive mi abuela hay muchos pájaros volando.

Y miro el cielo, tan grande, y pienso en los Bups... Pero entonces viene mi abuela, y me dice que tengo que merendar.

Me encanta el pan con chocolate. Nunca estoy triste si hay pan con chocolate. En la torre de Alarcón, los Bups comen un montón de chocolate, además de hormiguitas. Supongo que por eso están tan y tan gordos.

Un niño de mi clase está muy gordo, y su mamá no quiere que coma chocolate, ni nada... Y entonces se pone triste, y no tiene bocadillo, y a mí me da mucha pena, y le quiero dar la mitad, pero la señorita no me deja.

La tristeza es una cosa triste. No sé qué hacer, sólo mirar por la ventana.

Por eso la tristeza en tan difícil de explicar, como la sensación de querer volar bien alto pero tener miedo a caerte. Por eso mi mamá no quiere que suba a la Torre de Alarcón.

Los Bups pueden volar por el cielo todo el rato que quieran, igual que un pájaro y mejor que un avión, porque no hacen ruidos y van solos....

Pero los Bups, que vuelan, a veces también están tristes y brincan.

Así que no entiendo por qué uno quiere volar cuando está triste.

A lo mejor es mentira.

A lo mejor es porque el aire te hace cosquillas en los pies.

A lo mejor es porque, volando, te olvidas.

(Dibujo para este texto: Camelia Davidescu)

Un Bup es un Romántico (IV)


En mi cromo pone: “Un Bup es un romántico”.


Por mucho que pregunte, no es fácil descubrir qué significa.


A lo mejor quiere decir payaso, porque los payasos son muy divertidos, y los Bups también.


En mi clase hay un niño que no se sabe la tabla de multiplicar. La señorita le pregunta, y le pregunta, pero él no se la sabe, y entonces ella se enfada y le castiga, y la tiene que copiar entera en el recreo.


A mí eso no me parece divertido, ni nada...


Mi papá también se enfada a veces un poco, pero no muchas. Quiero preguntarle cómo hablan en realidad los Bups, pero igual eso no lo sabe. Como ya no va al colegio, no tendrá que copiar ninguna cosa, así que se lo puedo preguntar, y ya está.


Aún hay muchas cosas que no sé sobre los Bups, pero cuando sea mayor subiré con mi hermano pequeño a la torre de Alarcón, y me quedaré.


Ayer pensé una cosa cuando llovía... Los Bups no llevan paraguas, porque si llueve se van a su rellano de la escalera y miran.


Entonces apagan la Luna para que no se estropee, y el señor un poco verde no hace fotos, y mi papá sí que se enfada de verdad porque llega tarde a la oficina.


A mi mamá le da risa el chico del colmado, porque dice que es gracioso como un payaso. A lo mejor es un romántico. Lo miraré y lo miraré, a ver qué es lo que hace...


Y mañana preguntaré en la escuela qué quiere decir romántico.

 (Dibujo para este texto: Camelia Davidescu)

El Origen de los Bups es Misterioso (III)


El origen de los Bups es misterioso.

Algunos dicen que son así por haber vivido solos mucho tiempo. Pero yo no me lo creo. Tengo una tía que también vive sola, y no es un Bup. En realidad, no se parece en nada a un Bup, ni es rosa, ni brinca, ni nada....

A mi papá no le hace gracia que hable de Bups, porque dice que te miran fijamente, y hacen “croac”, y entonces te quedas quieta y no te puedes mover.

Él no ha visto nunca ninguno, pero es verdad porque lo dice mi papá.

Así que trataré de imaginar a un Bup que me mire y haga “croac”, y mañana lo pintaré en la escuela.

En el quiosco que hay al lado de mi casa tienen un póster de la torre de Alarcón, con muchos chinos que la miran y hacen fotos, pero desde abajo. ¡Es altiiisimaaa! Pero en el póster no se ven los Bups.

Los chinos comen hormigas, y los Bups también. El chino que vi en una película no hacía “croac”, ni era rosa, ni nada. Sí que brincaba, pero no estaba triste.

A lo mejor, los Bups sólo nacen cuando una persona no tiene globo de colores en la torre de Alarcón.

Pero entonces.... ¿Por qué la gente sin globo empezó a convertirse en Bup, si todavía no existían antes los Bups??

La verdad es que todo esto es muuuy complicado, casi tanto como entender de dónde cae el agua cuando llueve.

 (Dibujo para este texto: Camelia Davidescu)


La Tristeza de un Bup es Rosa (II)


Una vez, un Bup bonito se sentía triste.

Siempre que un Bup está triste, se le pone la cara melancólica y dulce, imagina gestas medievales, y da pequeños saltitos en la hierba que hay más allá de lo tangible de la torre de Alarcón.

La tristeza de un Bup es rosa.

Un señor muy viejo, que la vió una vez, me dijo que era algo así como un helado de fresa con azúcar, pero no me dijo si también se podía comer. A lo mejor, al Bup le hace daño si le muerdes la tristeza... No sé.

Ayer, mi gato encontró una mosca, y se la comió toda entera, sin morderla, pero la mosca no dijo nada de nada.

¡Ah! El otro día me enteré de que los Bups comen hormiguitas, como los chinos. Y luego lloran, porque se han comido una hormiga.

Igual el Bup de antes estaba triste por eso. ¡Pobre! No sabe que las hormiguitas no se enteran, ni tampoco las lombrices, ni las moscas (¡Qué asco, comerse una lombriz!).

Ayer pinté un Bup en la pared de mi habitación, y una hormiga muuuy grande. Y mi madre se enfadó, y gritó.

Creo que a mi mamá no le gustaría nada subir a la torre de Alarcón...

He visto por la tele que al señor que hace fotos en la Luna se lo han llevado al hospital, porque dice que le duelen las fotos, y no saben por qué.

¡Jo! Me encantan, me encantan los Bups simpáticos y divertidos.
Sobre todo cuando están tristes, porque entonces brincan.

 (Dibujo para este texto: Camelia Davidescu)

La Torre de Alarcón (I)

¡Hola! Me llamo Rosy, y os voy a hablar sobre la torre de Alarcón.

Alarcón tiene una torre muy alta. Tanto, que es la torre más alta del mundo, y sale en todas las enciclopedias famosas.

Para subir a la torre de Alarcón sólo hay escaleras, y como son taaaan largas, las expediciones hacen doscientas o trescientas noches para llegar a la cumbre. Pero el guía siempre tiene galletas y naranjada.

Allí, arriba, hay un hermoso parador de cinco estrellas, con piscina, bar, hospital y facultad de Derecho. Es muy emocionante subir a la torre de Alarcón. ¡Mi tío subió una vez!

Por una pasarela se llega a la Luna, y un señor te hace fotografías siempre, menos festivos, días de eclipse, y ventinueves de Febrero de años bisiestos. Con tanto flash, dicen que se ha puesto un poco verde.

Algún día pienso ir a la Luna por la torre de Alarcón, pero mi madre no me deja, porque tiene miedo de que me caiga, y me recoja un Bup.

Un Bup es un bichito a topos rosas que vuela, de larga cola y pómulos salientes, y que sólo vive en las repisas de las ventanas de los rellanos de las escaleras de la parte trasera de los cinco últimos pisos de la torre de Alarcón. A mí me encantan los Bups, son simpáticos y divertidos.

En la cima de la Torre de Alarcón no existe el tiempo. Allí siempre es de día, menos festivos, días de eclipse y ventinueves de febrero de años bisiestos. Por eso no hay reloj, ni calendario, ni conejos, ni tampoco cumpleaños... Eso sí que no me gusta.

Cuando alguien logra subir a la torre de Alarcón, se inscribe en el registro (basta con dejar un zapato), y coge un globo del color que le ha tocado. Todo el mundo tiene globos en la torre de Alarcón, y quien no tiene globo, se convierte en un Bup.

Una vez, una multinacional quiso comprar la torre de Alarcón, pero los Bups se enfadaron y amenazaron con apagar el interruptor de la Luna, y adiós. Sólo ellos saben dónde está el interruptor de la Luna, así que nadie puede comprar la torre de Alarcón.

Muy pocas personas viven en la torre de Alarcón. Pero yo pienso subir un día, y me quedaré.

Y mi hermano pequeño también.

 (Dibujo para este texto: Camelia Davidescu)

Serie Mundos III: "Las Intuiciones"



El mundo de las Intuiciones es un mundo silencioso. Silencioso y blanco. Blanco como virgen levedad de nube.

Una Intuición tiene formas y perfiles en su Mundo que el hombre no puede percibir en el suyo; sólo nota, si se acerca, el soplo de una brisa en la memoria, y quizás un leve roce etéreo por su piel, que a veces se transforma en suave escalofrío.

Su delicado y sigiloso paso evoca una lejana melodía, de algún modo conocida en los albores de los tiempos, y cuando el viento las transporta, mi hermana campanilla levanta sus estambres, bien atenta, intentando atrapar las notas de su huella en su nítida fragancia.

Las Intuiciones son tenues y sutiles; cuando la Gran Noche extiende su manto recogiendo los silencios, acompañan a la corte de los Sueños para visitar el corazón de un hombre. Y los Sueños las esparcen de puntillas, y ellas descienden despacio, sigilosas, sobre el alma dormida; desde allí, muy dulcemente, le susurran al oído la respuesta a un enigma de valor incalculable.

Son ingrávidas, ligeras; diminutas e infinitas burbujas danzarinas que dejan una estela vaporosa tras su paso; son como una chispa en la tristeza, como un beso en el ensueño, como un ángel que no puede resistir la tentación de regalar polvo divino.

A veces, cuando los Sueños no han llegado todavía, y el Gran Sol sigue brillando con su fuego, las Intuiciones se disfrazan como olor, como mirada, como una nota musical, como palabra, como colores, como un verso. Y así, disimuladas, se agazapan tras la sensación de un pensamiento peregrino.

Es entonces cuando el hombre, enredado en un breve atisbo de vigilia, lucha por atravesar la espesa bruma que nubla ese fugaz recuerdo. E impotente, pelea unos instantes por apresar su esquivo rastro. Hasta que un Deseo se hace fuerte, y logra vislumbrar con claridad la fuerza y el sentido del destello.

 (Dibujo original para este texto: Camelia Davidescu).

Fotografía aportada por Justo Navarro.


Serie Mundos II: "Las Pasiones"




Cuando mi hermana Amapola oye hablar de una pasión, tensa sus frágiles pétalos orgullosa, y siente recorrer su tallo por una savia más dulce, más rica, más potente. Porque ella ama el mundo de las Pasiones, caliente y rojo, indomable y gigantesco. Un gran dragón de fuego alado que recorre sin cesar mares y tierras, pueblos y bosques, Corazones y Deseos.

El mundo de las Pasiones es definido, concreto, cercano; porque cada pasión es definida, concreta, cercana. Aunque desdibuje sus contornos colorados, ocultándose con picardía y mimetismo, para ser redibujado en un momento a golpe de recuerdo.

Cuando una Pasión enferma por olvido, descansa bajo un gran letargo somnoliento, al cobijo de algún delicado vientre milenario. Pero cuando el calor de la Vitalidad se adentra de nuevo en ella, quiebra su débil cáscara escarlata y se desata, ardiente y visceral, tremenda, como la lava de un volcán, como un gran río de sangre. Y quiere abrazar, morder la Tierra.

Su mundo ondula sin cesar, bailando. Es rugiente y poderoso, fuerte como la Tormenta que remueve las entrañas del Gran Mar; es intenso, intenso como el perfil de la Luna recortado en el Gran Cielo; es galopante, como el empuje de un gran vendaval; y como un vendaval, una Pasión golpea, hiere, arrastra; pero también renueva, crea, imagina.

Las pasiones son contradictorias: luchan consigo mismas y, a la vez, se aman.

Cuando la Gran Tierra está lánguida y dormida, porque le pesan los siglos en sus piedras, y los hombres quieren olvidarse de que tienen un Presente, las pasiones arremeten montadas en la Furia, para fusionarse en Corazones solitarios e inyectarles impulsos poderosos; pero jamás se muestran sumisas porque, a cambio, exigen gobernar el Corazón al cual se funden en el ímpetu de su cálida embestida.

Y entonces, de esa unión, se alumbra un Deseo.
Y el Deseo surge indómito, rasgante, y se convierte en una esfinge inalcanzable.

Una esfinge que el hombre persigue entre los Sueños sin cesar como una sombra, como un reflejo en el Gran Mar, como un mítico destello....


(Dibujo original para este texto: Camelia Davidescu) 

Fotografía aportada por Justo Navarro.



Serie Mundos I: "Los Sueños"







Cuando el Gran Cielo se torna morado para anunciar a los hombres que llega la Noche, y el Gran Sol, lento y hermoso, bosteza más allá del Gran Mar, siento que mis pétalos se vuelven terciopelo, y observo maravillada como todos mis hermanos se transforman para recibir a la Corte de los Sueños.

El Gran Mar ondula lentejuelas arrullado por la Brisa; las Estrellas ciñen, orgullosas, su corona de diamantes; la Luna, bailarina predilecta de los astros, aparece de repente misteriosa, para danzar el embrujo de la Noche y capear, más tarde, al toro indómito que traerá la Madrugada. Y es la Noche, madre de lo fastuoso y lo increíble, quien recoge en su manto sutil el Silencio de los hombres.

Los Sueños vienen de un mundo diferente al nuestro -Inmenso, inagotable, extraño-, un mundo en el que los minutos son intensos como el miedo, pero leves como el baile de la espuma.

Cada Deseo hace nacer mil Sueños antes de que el Gran Sol salga de nuevo. Y cada Sueño, cuando visita el corazón de un hombre, derrama sutilmente -de puntillas- una estela de Intuiciones infinitas.

Los Sueños son majestuosos, fuertes y sabios. Viven siglos que no caben en la Historia, tejen historias diferentes a los Siglos. Porque siempre existirá un Deseo que los alumbre, mientras exista el hombre.

Cabalgan sin cesar sobre eternos caballos blancos, ocultan su luminosa faz en sombra inagotable, hacen de su capa cada día bruma nueva, y lo que saben, lo escribieron hace siglos en el Libro de los Héroes.

Y así vienen, protegidos por la Noche. Y la Brisa silba la canción de la Nostalgia. Y la Luna se arrebata. Y el Gran Mar escucha, quieto... Y todos nos sentimos algo más, contemplando la magia poderosa de los Sueños.

Cada Sueño es un secreto diferente, un gran secreto que los hombres sin cesar persiguen.

Aunque sea silencioso.
Silencioso y blanco.
Blanco como pétalos de margarita....

(Dibujo original para este texto: Camelia Davidescu)

Fotografía aportada por Justo Navarro.



Mi pequeña Marina


Brotas en mis sueños con aliento
de existencia,
como ola de agua,
inagotable.

Resurges
-impecable nitidez-
en mil gotas de colores infantiles,
los dibujos de tu mundo
submarino.

Tú de nuevo,
chiquitina,
pizpireta,
miel de madre,
correteas vivaracha en mis anhelos.

Allí me cuentas tus cuentos,
me lloras tus males,
te ciño a mi pecho.

Inundas mis entrañas
con tus risas cristalinas.
Empapas sin querer
hasta mis tuétanos.

Me regalas noches
de agua y mantequilla.
Me atraviesas días
de cuentos y muñecos.

Tú me haces.
Yo te siento...

Y me zambullo en ese mar
para tocarte,
lo buceo con el fin
de acapararte,
me sumerjo hasta al final.
- Quiero tenerte-

Pero el despertar me hiere
sin piedad, de cuajo.

Implacable madrugada
se te lleva.
Recurrente,
te devuelve con el alba
al río impredecible
del pasado.

Ya te escurres, translúcida, entre mis dedos.
Ya discurro, impotente, en la añoranza.

-¿Debe ser noche lo que antes fue día?-

Sólo aguarda mi nostalgia
a otro sueño caprichoso
que conduzca
a las aguas transparentes de tus lagos.

Donde siempre existirás en mí.
Donde siempre nadaré por ti.

 (Dibujo original para este poema: Camelia Davidescu)


Más allá de los Adverbios


Te amo en blanco,
sin ultrajar el papel
en el que escribo.

Te amo tanto
-es todo, es aquí, es un ahora-
que no desvelo el sentir
de la palabra,

ni encuentro el tono de los puntos
suspensivos,

ni entiendo la cadencia
de los verbos.

Se me desborda un río
en ese todo.

Se disfrazan los lugares
de este aquí.

Se escabullen los momentos
del ahora.

Y yo me busco en el refugio
de tu pecho,
clavando allí la bandera
de mi siempre.

Y destierro el nunca,
y me aferro al todavía,
y me fundo al solamente.

Mi conquista gesta un luego
que aún no existe,
exaltando el ya mientras reniego
del tal vez, del puede, del quizás, y del quién sabe.

Te amo tanto
que ya no sé cómo decírtelo,
porque no tiene forma.

Te amo
más allá
de los adverbios.

 (Dibujos para este poema: Camelia Davidescu)